¡Libérate de la queja!

Queridos lectores;
En el último artículo de este mes, me gustaría hablaros sobre una de las cosas que cada vez, esta mas presente en nuestras vidas: “la queja”. La queja es un recurso que habitualmente emplean muchas personas, para expresar su insatisfacción frente a algo o alguien, pero siempre desde un punto de vista pasivo, de inacción y que conlleva en la mayoría de ocasiones sufrimiento.
Hay demasiadas personas que de forma continuada, no paran de quejarse sobre cualquier tema y muchas veces sin razón.
“Quejarse es encontrar fallos, sabiduría es encontrar soluciones”
Lo que la mayoría no sabe es que cada vez que te quejas o frecuentas entornos donde la queja es habitual, limitas y muchas veces anulas las posibilidades de ser feliz y tener éxito en tu vida, por la cantidad de energía que estas desperdiciando inútilmente.
La queja está en todas partes; en los contenidos que aparecen en los medios de comunicación, en muchas personas en sus puestos de trabajo, en las comidas con familiares y amigos, todo el mundo se queja, pero si te abstraes de ese círculo vicioso que induce la queja, te habrás fijado que lo más paradójico de la situación, es que nadie hace nada por transformar esta situación.
El ser humano es inconformista por naturaleza, siempre está pensando en tener más de esto o de aquello, en ser más rico, tener más propiedades, tener más de lo que sea. En realidad no es malo desear mejorar, pero siempre que sepamos valorar lo que ya tenemos, que habitualmente pasa desapercibido para muchos y huyamos de la queja como recurso continuado.
Hay personas que tienen como único tema de conversación la queja, basan su manera de ser siempre en contraposición de algo o de alguien. Particularmente esto es muy peligroso en las empresas, ya que es como una pandemia que infecta a todo el personal y lamentablemente las conversaciones positivas, creativas y que buscan y aplican soluciones están en peligro de desaparición por culpa de esta maldita enfermedad.
“La gente se queja mucho, pero se acobardan a la hora de actuar. Quieren que todo cambie, pero se niegan a cambiar”.
(Paulo Coelho)
Ante una situación determinada y que no te gusta, puedes hacer normalmente dos cosas o aceptarlo o hacer algo al respecto. Ambas soluciones son legitimas, pero quejarte no te llevará a ningún lado y desperdiciaras una gran cantidad de esfuerzo y energía que te hará falta para otras muchas cosas, ya que si por ejemplo quieres y deseas tener éxito profesional, va a requerir que tu energía personal esté en tu propósito, en lo creativo y en lo proactivo y la queja es precisamente todo lo contrario de esto. Además sinceramente a quien le gusta estar al lado de una persona triste, negativa, apática, vamos lo que viene a ser un “quejica”. ¿A nadie verdad?, pues eso.
“Si tu problema tiene remedio, ¿por qué te quejas?.
Si no lo tiene, ¿por qué te quejas?”
Hay veces que solo nos damos cuenta de lo afortunados que somos y que no tiene ningún sentido quejarnos, cuando afrontamos una situación complicada. Por ejemplo, es probable que o bien nosotros o algún familiar cercano, haya estado alguna vez enfermo, hospitalizado y en ese momento lo que más valorabas por encima de todo era la salud y sin embargo ahí si tenías razón para quejarte y no lo hiciste. Otro ejemplo, si habéis tenido la oportunidad de ver de cerca o trabajar con colectivos de personas que se encuentran en una situación de marginación social, es muy probable que esa experiencia os haya ayudado a valorar lo realmente importante de lo que no lo es y a descubrir que muchos de nosotros no tenemos ningún motivo real y de peso para quejarnos.
Sin embargo a veces estamos tan inmersos en la queja, que prácticamente ni siquiera nos damos cuenta de ello, salvo circunstancias como las descritas anteriormente, que nos hacen poner los pies en la tierra y que ojala nunca o al menos lleguen lo más tarde posible a nuestras vidas.
No obstante aun así, siempre se puede salir de ese circulo vicioso que es la queja y muchas veces es fácil detectar anticipadamente “señales” a través de la comunicación y del lenguaje, que confirman que estamos siendo parte de esa nueva corriente infecciosa. ¿Te gustaría saber como?. Pues te recomiendo que estés atento a:
1.- Cuando muestras opiniones irreflexivas, es decir expresas tus opiniones como si fuesen hechos ciertos. Sin embargo, las opiniones, se basan en creencias y estas pueden estar equivocadas y ser limitadoras. En ocasiones las damos por buenas y nos basamos en ellas para juzgar a los demás e incluso a nosotros mismos. A veces incluso hay personas que puede que expresen opiniones de otros como si fuesen suyas, de modo que se juzgará así mismo y a los demás no por sus propios valores, sino por los de otras personas (padres, familia, amigos o alguna persona importante durante su infancia). El lenguaje no es neutro y la forma en que nos hablamos muchas veces condiciona nuestro pensamiento y nuestra actuación.¡Obsérvalo!
2.- También especial atención a las personas que utilizan de forma recurrente y habitual generalizaciones. Escucha con atención cuando en tu vocabulario aparezcan palabras como: “siempre”, “nunca”, “todos”, “nadie”. Las palabras de este tipo son limitadoras, puesto que quien las pronuncia da por sentado que todo es igual; ha construido una generalización.
3.- Cuando utilizamos presunciones injustificadas, al dar por sentado algo que no tiene porque ser así y entonces esto genera en nosotros, muchas veces sentimientos de culpabilidad y de queja. Por ejemplo; ¿Por qué soy tan insensible?. Estamos diciéndonos que somos insensibles, a nosotros mismos, sin motivo alguno.
4.- Cuando utilizamos palabras de presión como por ejemplo: “debería”, “podría”, “tengo que”, ejercen presión para hacer o no hacer algo, en caso de llevar la partícula no, pero que a veces las personas no somos conscientes. Es preferible sustituir estas palabras por “quiero” , de esta forma ponemos el foco en el objetivo, movilizamos la persona a la acción, a salir de su zona de confort y a abandonar la queja permanente.
5.- Por último me gustaría hacer mención también al uso de la palabra “pero”. También es muy habitual los “es que”. Habitualmente cuando se utiliza esta palabra descalifica o incluso niega lo que acontece. Por ejemplo cuando tenemos una oferta comercial interesante para nuestros potenciales clientes, alguien de nuestro equipo comercial podría decir: “Vamos a llamar a todos los clientes para la oferta, pero no sé si nos dará tiempo”. En lugar de hablar así; ¿qué te parece invertir los términos de la frase de esta otra forma?: “No sé si nos dará tiempo, pero vamos a llamar a todos los clientes”. Hay una importante diferencia, ¿verdad?. Y lo más aconsejable elimina de tu vocabulario la palabra “pero” y utiliza en su lugar “y”. A modo de ejemplo: “Vamos a llamar a todos los clientes y buscaremos el tiempo para hacerlo”. En esta segunda frase nos predisponemos a la acción, abandonando la zona de victimismo y la queja.
Te propongo un ejercicio y es que a partir de hoy mismo, dejes de quejarte. Habitualmente esta constatado que para que algo se convierta en hábito, debemos estar durante 21 días haciéndolo. Mi recomendación es que lo pruebes y si por ejemplo descubres, que al tercer día te quejaste, te propongo que pongas el marcador a cero y vuelvas a empezar el ejercicio de cero quejas hasta conseguirlo. Es muy probable que te cueste al principio, nadie dijo que fuera fácil, ya que la queja genera adicción, pero te aseguro que merece la pena ya que verás la vida de otro color y podrás transformar la vida de las personas que te rodean.
“La excelencia de un líder, se mide por la capacidad de transformar los problemas en oportunidades”.
(Peter Druker)
Espero que te haya gustado mi artículo y que te decidas a compartirlo con otras personas, para que entre todos hagamos la promesa de quejarnos menos y de sonreír más, por todas las cosas buenas que tenemos en la vida, que son muchas y que a veces pasan desapercibidas.
Gracias por seguir mi blog y recuerda enviarme tus comentarios a info@blogcoachjgd.com, estaré encantado de responderte y ayudarte en lo que precises.
¡Hasta pronto!

